Palabras que nos unen: “juntas somos más fuertes”

– Después de perderlo todo ha sido vital el apoyo de sus compañeras, quienes ahora son sus socias y amigas –

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“Cuando yo llegué fue con mi esposo. Nos vinimos sin saber qué era esto o dónde quedaba exactamente. Jamás habíamos escuchado de este lugar. Pero tuvimos que venirnos así de un día para el otro, apenas llegamos al refugio nos registraron y nos dijeron que nos iban a ayudar, esa misma noche ya sabíamos que no podíamos volver a casa y que sólo nos quedaba luchar para traer a las hijas. Así fue. 

Nosotros vivimos en ese albergue. Después llegaron mis hijas y fuimos todos buscando dónde vivir. Yo empecé a hacer unas empanadas, vendía avena, aquí y allá. Y en eso estaba cuando nos encontramos todas las del grupo, nos dimos ánimo porque fuimos aprendiendo a hacer otros platos, unos de aquí que yo no conocía, así que mi pequeño negocio fue creciendo. 

RET nos ha ayudado bastante y ahora tenemos nuestra Red de Servicios Alimenticios, estamos vendiendo la comida y buscando más clientes para avanzar y tener más fortalecido nuestro negocio. Nos han ayudado mucho las charlas psicológicas, las capacitaciones. Hemos compartido mucho, con las compañeras hemos creado amistad y ya nos vamos comprendiendo mejor. 

Yo antes pensaba que como era de otro país me tocaba no hacer nada de plano, pero ahora sé que no es así, que yo tengo derechos también. Ahora sé que juntas somos más fuertes y podemos mejorar”

Palabras que nos unen: “Lo que me impulsa son mis hijos”

-El futuro es incierto, pero en el presente esta madre llegó a un lugar de protección para ella y sus hijos –

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“A mí me estaban extorsionando, porque yo era comerciante. Yo tenía una miscelánea, se vende de todo un poquito, y a mí me pedían vacuna lo que llaman, me pedían plata y plata, entonces yo me negué. Yo decía por qué yo voy a tener que trabajar para unas personas así. Entonces empezaron a mandar llamadas, a tocar la puerta, hasta que ya un día en noviembre, como ya me habían hecho varias llamadas y todo, tiraron una granada en la casa, pero ese día yo no estaba, yo me había ido a surtir, los niños estaban estudiando, porque eso fue en horas de la mañana. 

Fue un momento muy tenso. Tuvieron que evacuar y todo, porque ese era un pueblo muy pequeño. Yo no regresé allá, una amiga me llevó a los niños donde yo estaba. A mí me tocó dejar mi negocio.

Yo tenía entendido que uno podía pedir refugio en otros países, porque hace unos años a mí me había sucedido lo mismo y yo me había desplazado, eso es duro, porque no es la tierra de uno y uno siempre apegada.

Yo tengo dos niños, una niña de 15 y el niño de 5 años, y para ellos ha sido duro pues, sobre todo para la niña, porque para ella ha sido bien difícil el cambio, dejar el estudio, dejar la familia, el ambiente.  

Ahora ya nos estamos como acomodando y ahí vamos. 

Lo que me impulsa son mis hijos, luchar por salir adelante por ellos, es lo que a mi me impulsa así como que me motiva porque, ellos son los que me hacen ser como soy. Yo no me puedo achicopalar.

Conseguí trabajo aquí a través de una amiga, ella me recomendó con una señora y con ella es que estoy trabajando. Todos los días, de lunes a sábado, salgo a las 5 de la mañana para casa de la señora, y hay días que salgo a las 4, o a las 5, o a las 6 de la tarde, hay días que me toca quedarme, y así. El niño me lo llevan en transporte al trabajo y se queda conmigo hasta que salgo. La niña si está más grande y se queda sola en la casa, ella estudia y hace sus cosas…

A futuro, no sé, yo por ahora estoy tratando de vivir el día a día, uno a veces planea y uno nunca sabe qué le tiene deparado el futuro… Pero yo por ahora espero montar mi negocio, y que mis niños estudien acá y mientras aquí me acepten, pues quedarme acá.”

UN DIAMANTE PARA SANAR HERIDAS

-ESTE GRUPO PARA MUJERES ES UN ESPACIO PARA LA REPARACIÓN SIMBÓLICA Y RECUPERACIÓN DE QUIENES HAN SIDO VÍCTIMAS DE VIOLENCIA-

RET Internacional en Costa Rica.

La violencia basada en género es una realidad en todo el mundo. América Latina y el Caribe no escapa a ello, con una alta tasa de maltrato hacia la mujer, expresado en maltrato psicológico, acoso, violencia física y hasta la muerte. Para octubre de 2015, el 36% de las mujeres de esta región habían sufrido algún tipo de maltrato, según se expresó en la conferencia de la OEA para la evaluación de los avances contra la violencia.

Este es el contexto en el cual iniciativas como la del grupo de mujeres Diamante Azul cobra especial relevancia. Conformado por un grupo de mujeres de distintas edades y nacionalidades, se ha constituido en un espacio para sanar heridas y recuperar la seguridad. Quienes conforman el grupo han sido víctimas de violencia, por ello se han enfocado en su recuperación, en fortalecer su resiliencia, su autoestima y procurar la autoafirmación.

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Cada 15 días se produce un encuentro, ese lapso que facilita la interacción e integración de las mujeres que acuden para compartir sus historias y recomponer sus vidas. Así se van creando redes de apoyo y posibilidades de contención entre las participantes.

En su proceso de abordar la violencia de género, en las sesiones recientes se ha partido de un trabajo corporal. La proyección de una imagen a través del movimiento y del juego de las estatuas, ha generado el diálogo y un conjunto de reflexiones en torno a este difícil tema. Elementos como el reconocimiento de la individualidad, el desarrollo de la autoestima, las percepciones y los prejuicios, es parte de lo revisado a través de este ejercicio, desarrollado en los espacios de RET en Costa Rica, en Belén.

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Algunas de las participantes reconocieron patrones de aislamiento, soledad, temor y otras emociones negativas, representadas corporalmente. Durante la dinámica el grupo fue moviéndose hacia la solidaridad y el hecho de estarse acompañando en un proceso de revaloración y recuperación de los propios espacios de vida.

El grupo Diamante Azul cumple con una labor muy importante en la realidad que viven muchas mujeres en la actualidad, el eco que producen sus acciones abre la posibilidad de la reconciliación, al tiempo que exige mayor conciencia de todos para prevenir y evitar la violencia basada en género o en cualquiera de sus formas.

Escuchar sus voces, reconocer sus historias, es parte necesaria del proceso de reparación simbólica indispensable para su integración.

Palabras que nos unen: “Tengo mucho entusiasmo por aprender”

– Mujer Joven y aprendiz, con sueños de una vida mejor para sí misma, para su madre y su hijo –

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“Mi mamá tenía una guardería. Entonces, yo tenía quince años y metí la pata. Me enamoré de una persona mayor que yo y pues quedé embarazada. Empecé a trabajar. Entonces, allá en Colombia había mucha violencia pues, las cosas se fueron haciendo cada día más difíciles. Teníamos una tía que vive acá en este país, ella nos dijo que nos viniéramos, que aquí se vivía bien y eso. Nos vinimos , mi mamá, mi bebé y yo. Mi primo ya estaba aquí.

En Colombia estaba la violencia. Aquí por lo menos se vive, aquí hemos sobrevivido pues gracias a Dios. Somos pobres, pero bueno. Se trabaja, eso es lo importante. Nosotros somos extranjeros y hemos podido sobrevivir acá.

Fue difícil porque al principio viajamos mucho, nos movimos mucho hasta llegar a este pueblo. Aquí tenemos nuestra parcela. Hemos tenido algunos inconvenientes por ser extranjeros, a mi primo se la han llevado por documentos y eso, lo han tenido preso. Aunque tenía su papel de refugiado le dijeron ´usted es extranjero´, y se lo llevaron. 

Pero estamos muy agradecidas con este país. Llegamos sin nada pero con trabajo nos compramos esta parcela. Tenemos una habitación y una cocina. Estoy muy agradecida con la vida. 

Aquí somos más una familia, mi mamá, mi tía, mi bebé. Ahora tenemos buenos vecinos, nos colaboramos. Y yo tengo mucho entusiasmo de aprender y ya estoy estudiando, que es lo más importante, preparándome para estar cada día mejor.”

LA VULNERABILIDAD QUE SE TRANSFORMA EN RESILIENCIA

– EN LA CONMEMORACIÓN DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER –

La Organización de Naciones Unidas (ONU) declara en 1975, de manera oficial, que el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. Lo más relevante de esta fecha es que reivindica la igualdad de derechos, en el marco de una labor sostenida por mujeres en todo el mundo quienes por más de 90 años han luchado por la justicia, la paz y el desarrollo.

El primer acuerdo internacional que afirma el principio de igualdad entre hombres y mujeres, suscrito en el seno de la ONU, se concretó en 1945. Desde entonces se ha seguido promoviendo la participación de las mujeres en condiciones de igualdad para el logro del desarrollo sostenible, la seguridad y el respeto a los derechos humanos.

El quinto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. Se reconoce que en la actualidad, aunque se han logrado muchos avances como un acceso igualitario a la educación, siguen existiendo manifestaciones de discriminación y violencia hacia la mujer en todo el mundo.

Es significativo ver que en particular cuando se trata de mujeres en condición de vulnerabilidad por pobreza, dificultades de acceso a educación y salud, o aquellas que se han visto en contextos de crisis por violencia, desplazamientos forzados o desastres de origen natural, los factores de discriminación se acentúan, teniendo un impacto mucho mayor en ellas y sus familias.

Es por ello que RET Internacional, en su trabajo alrededor del mundo, insiste en brindar protección a las jóvenes mujeres a través de la educación en su sentido más amplio. Ejemplo de ello es el Centro para Mujeres “Mi Vida” de Süleymaniye, en la región suroeste de Turquía, donde renuevan sus esperanzas más de 500 alumnos. Niñas y mujeres de Siria, así como de Turquía, han encontrado un espacio seguro para aprender inglés y turco, lograr su alfabetización informática, desarrollar habilidades para la vida, así como prevenir y contrarrestar la violencia de género.

En América Latina y el Caribe el rol de la mujer también es especialmente relevante en los programas de atención a familias en situación de vulnerabilidad. En el caso del trabajo con población refugiada en esta región, el rol de la mujer es fundamental para el sostenimiento de la identidad en el proceso del desplazamiento forzado y el establecimiento en las comunidades de acogida; son ellas quienes transmiten a sus hijos e hijas las tradiciones, las raíces que les conectan y que, paradójicamente, constituyen la base para una verdadera adaptación e integración en otros países.

Líderes comunitarias que promueven la defensa de los derechos para el acceso a educación y salud, grupos de mujeres para reflexionar y desarrollar habilidades que les permitan superar y enfrentar la violencia basada en género, su empoderamiento para brindar apoyo a otras mujeres, hacen parte fundamental del trabajo de RET Internacional.

Pero no solamente en lo que respecta a identidad cultural y sentido de pertenencia la mujer juega un papel central, también en lo relativo al sostenimiento de sus familias es así. Según el Banco Mundial de la Mujer, las mujeres realmente invierten para que sus familias salgan de la pobreza, por lo que su acción tienen mucho impacto en su entorno y comunidades; la experiencia de RET Internacional confirma la tesis de que son ellas quienes más protegen a los miembros de sus familias, considerando esto una prioridad en los procesos de recuperación de sus medios de vida, a través de actividades productivas.

Aunque por su condición de género experimentan mayores vulnerabilidades, en un mundo donde se subestima su capacidad, se les hace más desafiante el acceso al empleo, se les atribuyen las mayores responsabilidades en el hogar y con los hijos -muchas veces mermando sus posibilidades de desarrollo individual-, son ellas también quienes muestran las mayores capacidades de recuperación, una resiliencia inagotable que impacta profundamente en sus familias y comunidades.

En el Día Internacional de la Mujer queremos recordar el ejemplo que día a día ofrecen las mujeres en diversos contextos y situaciones, y sobre todo reconocer a aquellas que frente a las más extremas adversidades se han levantado e impulsado transformaciones para ellas y para todos en sus entornos.

Palabras que nos unen: “por eso sigo siempre con esa esperanza”

– UNA MADRE QUE ES EJEMPLO DE CONSTANCIA, QUIEN CON SU TRABAJO DIARIO LEVANTA SU HOGAR –

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“Yo vine por la violencia que se formó en mi pueblo, se formó una violencia demasiado dura y por eso nos desplazamos a este lugar. Nosotros fuimos desplazados dos veces, estábamos primero en una comunidad como esta, allí bombardearon todo eso, y nos tuvimos que desplazar a otro pueblo. Pero se formó la violencia con los paramilitares y la guerrilla y eso se volvió un desastre. Pudimos escapar. 

Ahora estamos mejor. Por un lado me siento mejor que en donde vivía, porque allá uno no podía dormir en paz, y eso es una cosa muy triste, que uno no sepa cuándo lo van a matar. Yo decía dentro mí, si yo no soy delincuente, no soy paramilitar, no soy guerrilla, ¿por qué me tiene que tocar a mí?

Yo empecé con un molino de mano y me echaba hasta tres horas moliendo un cubo de maíz a mano, y vendía,  y así… Pero me cansaba mucho, porque moler ese maíz así es bien duro. Ahora tengo un molino eléctrico, la cosa está mejor. Ahora necesito una refrigeradora, porque vamos a poner que yo hago 200 bollos ¿y si no los vendo en el día? Bueno, los puedo meter en el refrigerador.

Soy ama de casa, tengo como 7 muchachos y ahora estoy en embarazo. Aquí me dedico a hacer tortillas. Mi marido no tiene trabajo estable. Le pagan por día y aquí a veces eso no alcanza ni para hoy. También tengo unas niñas que están estudiando y necesitan el apoyo mío. Hay veces que… A veces no tengo el recurso como darle quizás lo que ellas necesitan.

El negocio de las tortillas me sirve mucho, porque yo con esas tortillas compré este cemento para este piso de mi casa. A las hijas yo también a veces les he doy algo, porque a veces necesitan y yo a veces les doy. También tenía un ahorrito allí que me ha servido mucho, porque el marido mío vino y se metió un machetazo aquí en la mano, le cogieron 7 puntos; con los ahorros es que nos hemos mantenido. Por eso yo no quiero que mi proyecto se caiga. RET me ha ayudado en eso, en las capacitaciones para llevar mis cuentas, y con la refrigeradora.

Por eso yo sigo siempre con esa esperanza, con la ayuda de Dios de seguir adelante. “

PALABRAS QUE NOS UNEN: “QUIERO HACER GRANDES COSAS”

– UNA JOVEN MADRE QUE RECUPERA SUS SUEÑOS Y LA POSIBILIDAD DE REALIZARLOS –

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“Bueno, de allá salimos toda nuestra familia junta, pues mucho conflicto armado. Gente armada de un lado y otro lado, y peleaban mucho. Y como era así, y pues nosotros nos asustábamos. Yo me asustaba porque no tenía para mantener a mi hija sola, entonces dije ´yo sí me voy´. Y nos vinimos. Llegamos fue a trabajar. 

Al principio no nos visitaban los vecinos y nosotros tampoco porque de pronto les caemos mal por ser de otro país. Pero no, después conocimos a RET y ellos nos hablaron de cómo comunicarnos con los vecinos, cómo tenemos que tratar a las personas desconocidas y todo; y ahí empezamos. Ya me la llevo súper bien con los vecinos y todo. Ha sido muy bueno.

Yo estoy cosiendo. Empezamos fue porque le dije a los vecinos y a la gente a las reuniones de junta, que yo coso y también remiendo, pongo cierres.. . Y fueron a la casa. Subían a mi casa y me traían y yo remendaba y colocaba los cierres. Fácil. Así empezó todo.

Por eso no falto al curso de costura y RET nos está ayudando, me ayudó con la máquina de coser. En el curso Somos como diez allí aprendiendo. Desde que empezamos a hacer el curso empecé a hacer una blusa y ya la hice. Básica, pues; pero sí, la hicimos.

Pues, lo más difícil para mí cuando me vine para acá fue al principio cuando llegué y no tenía dónde buscar un trabajo para mantener a mi hija. Y sí fue difícil para mí en un primer momento, los primeros días. Ahora es más fácil, ya con la máquina me defiendo muy bien.

Con el dinero que gano voy a comprar tela, y algo va para la casa, para comida. Otro poco para los útiles de mi hija que ya va al colegio aquí. 

Yo tengo mi sueño, yo quisiera ser buenísima en costura. Por ejemplo en vestidos de novia, y hacer los mejores vestidos de eso de las modelos que pasan. No soy muy estudiada, pero sí quisiera hacer esos vestidos así para las modelos. Quiero hacer cosas grandes, no quedarme solamente en pegar los remiendos.

Palabras que nos unen: “Aquí se puede salir adelante”

-ELLA ENCONTRÓ UN LUGAR SEGURO PARA TRABAJAR Y ALCANZAR LA ESTABILIDAD –

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“Uno a veces no elige dónde va a nacer o dónde se cría. Yo nací en un territorio fuerte en violencia, por la guerrilla. Hubo un tiempo que todo era bueno, nuestros padres creían que ahí iban a conseguir las cosas, había trabajo… Mis abuelos son de allá, mi mamá es de allá, así que allá parecía que íbamos a estar bien.

Pero de un momento a otro hubo muchos sucesos de violencia, de guerra. Mi mamá nos sacó a nosotros muy jóvenes, nos dijo que nos teníamos que ir, así que nos movimos a una ciudad grande de Colombia. Esa fue mi primera salida, y fue tan duro que tuvimos que volver. 

Yo llegué a seguir allá en mi casa hasta hacerme una adulta, en ese pueblo me casé. Uno se puede acostumbrar a todo. Pero luego a mi esposo lo hirieron, lo levantó una granada. Luego de eso no pararon las amenazas, las presiones. Me tocó salir una segunda vez, pero esta vez para otro país. Ahora era yo, como mujer adulta, quien tomaba la decisión.

Llegamos los dos, mi esposo y yo, con dinero para apenas comer por unos tres días, sin papeles y sin trabajo. Veníamos a salvaguardar nuestra vida, pero no sabíamos qué nos esperaba. Entonces algo sentí, uno se enseña como a ser fuerte por venir de una tierra tan conflictiva, que me hizo levantarme a pesar del dolor. Con el dinerito que traíamos compré unos pantis y luego los vendí con algo de ganancia… Así empezó todo. En poco tiempo ya estaba comprando al mayor. Llegó un momento que ganaba más, entonces compraba más, y así poco a poco fue creciendo y creciendo.

Yo siento que este país es… como un refugio para las personas que quieren salir adelante. Aquí se puede. Yo tenía año y medio de estar acá y ya tenía donde vivir, tenía un techo. Todo era trabajo, yo he vendido de todo, hasta terrenos, porque no le tengo miedo al trabajo… Al año y medio estábamos estables.

Esto para mí fue, primeramente, una bendición de Dios. Y también gracias a personas que me ayudaron y no me dejaron perder la confianza en mí y en lo que podía lograr.”

Palabras que nos unen: “todo por mi hijo”

– ella ha superado las más extremas situaciones por el amor a su hijo. “con esfuerzo y dedicación todo se consigue” –

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“Soy colombiana, tengo 25 años, mi hijo tiene 7. Llegué acá hace más o menos un año, desafortunadamente por problemas de la guerrilla. Llegar a este país es complicado porque uno no conoce a nadie, no hay a dónde llegar. Mucha gente lo rechaza a uno, lo tratan mal, pero entre todas las personas siempre hay algunas buenas, personas que quieren brindar su apoyo, que le colaboran y lo guían. Afortunadamente yo he encontrado personas así, me han dado la mano.

Cuando yo llegué no sabía dónde colocar a mi hijo a estudiar. No sabía nada… Después de todo lo que me ha tocado vivir, me ha tocado pasar hambre, sufrir… Por circunstancias, la violencia nos arrebató todo, así que lo único que pudimos hacer fue salvar la vida, y así llegamos hasta aquí, con nada.

Pero nos ayudaron, las organizaciones y las personas me guiaron para poner a mi hijo a estudiar, y después conseguí un trabajo aquí en la heladería. Y así vamos saliendo adelante, con mi hijo que es mi gran apoyo, porque uno por los hijos hace cualquier cosa, yo lo único que quiero es ver a mi hijo bien. Todo por mi hijo. 

Ahora tengo a mi hijo estudiando, gracias a Dios tengo un trabajo con qué sobrevivir, mejoré porque ya conozco cosas, ya me sé mover en la ciudad, estoy más despierta, sé que si tengo un problema tengo que seguir adelante. Uno tiene que vivir el día a día porque a veces en la vida sólo se tiene una oportunidad y hay que aprovecharla.

Quiero decir a todas las personas que se vean en esta situación difícil, que todo en la vida con esfuerzo y dedicación se consigue”.

Palabras que nos unen: “Encontrarnos y compartir”

– Testimonio de una mujer que supera la adversidad y lidera cambios en su vida, la de su familia y su comunidad –

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“Soy colombiana, tengo 29 años, estoy casada, tengo dos hijas hermosas y trabajo aquí en mi casa, gracias a Dios. Coloqué mi negocio y me ha ido bien.

Yo amo mi tierra, soy colombiana y bueno, fue triste, nos tocó dejarlo todo. Yo siento que hay una parte de mí que se murió. Se marchitó. Que si yo pongo de mi parte puede renacer, puede reverdecer en cualquier momento ¿verdad?

Yo allá en Colombia participaba de muchas campañas contra la violencia, iba a las marchas. Ahí estaba yo siempre pidiendo paz, con el deseo de que nunca tocara esto, dejar la tierra donde uno nació y a mis abuelitas. Mi abuelita se murió y yo no pude ir. Es muy triste porque son muchas cosas que uno deja atrás.

Precisamente esa parte marchita que tengo es la que me hace querer hacer más cosas. De pequeña mi hermana y yo estábamos metidas en todo, en todos los bailes del colegio, en una obra de teatro. Allá participaba de tantas cosas que me digo que no tiene por qué quedarse ahí, que también aquí lo puedo hacer. Aquí puedo escribir una nueva página.

Aquí en la comunidad nosotras hemos sido buenas voceras, mi hermana y yo. Aquí en este barrio no hay servicios principales. Está la luz, pero no hay cloacas, ni gas. Así que nosotras hemos influenciado, hemos tomado la iniciativa y ya se metió el gas en esta parte del barrio y en la otra parte de allá.

Yo también estoy apoyando la campaña ´Lo que nos Une´, la idea es enviar el mensaje a los jóvenes porque son el futuro del mundo, del país, así que empezamos a trabajar con jóvenes. Tenemos un grupo y nos apoyamos para hacer cosas con ética, para encontrarnos y compartir actividades culturales, y así seguimos”.