El impacto de un enfoque integral

Resiliencia y autosuficiencia

Más de 100 mil personas, de las cuales el 85% son niños, niñas, adolescentes y jóvenes, han participado en los programas de RET Internacional en América Latina y el Caribe, entre los años 2008 y 2014. Son seis años de labor ininterrumpida en la región, con un crecimiento sostenido en términos de alcance, y un importante aprendizaje en procesos de atención a personas en situación de vulnerabilidad, afectadas por desplazamiento, distintas formas de violencia, conflictos armados o desastres de origen natural.

La metodología de acción y atención implementada viene evolucionando, a través de distintas líneas y áreas temáticas que conducen, en su conjunto, a lograr la activación de mecanismos de resiliencia y una adecuada integración en las comunidades de acogida en el caso de personas en necesidad de protección internacional.

El reto no es pequeño y RET Internacional lo ha venido afrontando durante estos años: que las personas refugiadas y solicitantes de asilo, así como las comunidades locales en situación de vulnerabilidad, reconstruyan sus redes de apoyo y tengan la posibilidad de ejercer más influencia en los asuntos que afectan su vida, a través de su empoderamiento. Por eso la estrategia de acción implica atención psicosocial, apoyo para acceso al sistema educativo, capacitación, sensibilización y contacto constante con autoridades públicas, empleabilidad y recuperación de medios de vida.

En el núcleo de toda esta dinámica está la educación, en su sentido más amplio, como vía de protección de la población en situación de vulnerabilidad. Es vital garantizar la continuidad educativa, la capacitación, el desarrollo de habilidades para la vida, porque solamente así las personas pueden sostenerse a sí mismas y construir su presente y futuro.

Esto es fundamental particularmente en la población de adolescentes y jóvenes, quienes tienen todo el potencial para transformar sus vidas, las de sus familias y comunidades, si cuentan con las herramientas adecuadas y las oportunidades para formarse y desarrollar sus talentos.

El proceso de participación y organización juvenil es un ejemplo relevante del trabajo de RET en América Latina y el Caribe, y que ha venido evolucionando a través de los años, produciendo espacios de articulación y aprendizaje para miles de jóvenes en Costa Rica, Ecuador, Panamá y Venezuela.

Así, en la actualidad tenemos a diversos grupos que conforman una red juvenil: Jóvenes Madiba en Costa Rica, Jóvenes X en Ecuador, EACAJ en Panamá y Jóvenes Activos en Venezuela. Con las características particulares de cada contexto,  estas agrupaciones juveniles vienen aumentando su nivel de organización en el desarrollo de actividades diversas, como talleres, foros, charlas, intervenciones en calle, encuentros deportivos, presentaciones teatrales, creación musical, producción audiovisual, trabajo de vocería, entre otros; todo ello para el abordaje de los temas que les inquietan: protección de sus derechos, informar y sensibilizar a la ciudadanía en torno a población refugiada y solicitante de asilo, prevención de la violencia basada en género, promoción de valores para evitar discriminación y xenofobia, entre otros.

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El proceso va más allá y llega incluso a la generación de actividades productivas que facilitan la recuperación de sus medios de vida, así como ofrecen sostenibilidad real al proceso que viene desarrollándose. Un ejemplo de ello es el Proyecto PEZ, de Jóvenes X, quienes ya tienen en funcionamiento un taller de serigrafía y confección de bolsos; otros jóvenes en los distintos países ofrecen servicios musicales, de arreglo del cabello y de las uñas, elaboración de jugos de frutas, y mucho más.

 De este modo estos jóvenes y sus familias activan y fortalecen su resiliencia, al impulsar los factores de protección. El reconocer las propias capacidades, encontrar el apoyo familiar incluso cuando se están redefiniendo los roles y relaciones, reconectarse con las aspiraciones y sueños, establecer proyectos de vida, incluirse y participar en estos grupos, sumarse a actividades culturales o deportivas, son una parte del proceso que permite el fortalecimiento de redes y el desarrollo de recursos personales, grupales y comunitarios.

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El trabajo de RET Internacional permite el impulso de estas agrupaciones juveniles hasta su articulación regional, así como su incidencia en distintos niveles. Es por ello que organiza un encuentro anual con el nombre “L@s jóvenes tenemos la palabra”, en el cual los y las jóvenes se reconocen, comparten experiencias y aprendizajes.

ICONO_RET_02El más reciente, realizado en el 2015, reunió a líderes jóvenes de Costa Rica, Ecuador, Panamá y Venezuela, quienes abordaron temas de reflexión y mostraron los resultados de sus actividades en proceso de integración sociocultural, desarrollo de la campaña regional “Lo que nos une” (contra la violencia y la xenofobia), y sus avances y logros en la recuperación de sus medios de vida a través de actividades productivas.

Trátese del joven en Costa Rica que brinda servicios de música para eventos y fiestas, de la joven en Venezuela que arregla manos y cabello, o del equipo en Ecuador que estampa camisetas, con cada acción ellos y sus redes maduran y se fortalecen.

Su incidencia trasciende las fronteras de lo local y nacional, dado que siguen sensibilizando a las autoridades de sus comunidades y países de acogida, además de participar en plataformas regionales para abordar temas de educación en situación de crisis o vulnerabilidad.

El alcance que tiene el vínculo entre los grupos de cada país, así como de las acciones que impulsan y desarrollan, generó una importante manifestación en el 3er encuentro regional “L@s jóvenes tenemos la palabra”.

Declaración2Los y las jóvenes participantes, representantes de sus equipos en cada localidad, abordaron diversas temáticas y mostraron el trabajo desarrollado, para finalmente producir una declaración regional -tiulada como el encuentro: “L@s jóvenes tenemos la palabra”-, a través de la cual ellos y ellas esperan hacerse escuchar y seguir avanzando en la protección de sus derechos.

Esta declaración es una manifestación de su fuerza y constancia, de las ganas que tienen de ser escuchados en su propuesta por promover la integración y la solidaridad en toda la región. Es también una confirmación de que hoy están más activos y presentes sus mecanismos de resiliencia, por lo cual la circunstancia desafiante que les ha tocado vivir, se convierte en gran oportunidad.

Sólo a través de la educación, de la participación, de la articulación de acciones, del reconocimiento digno del sujeto como tal, de la recuperación de su memoria y la reconexión con una comunidad, es posible lograr el desarrollo de la resiliencia y alcanzar la autosuficiencia de jóvenes.

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